- He venido a entregar a Harry a su tía y a su tío. Son la única familia que le queda ahora.
- ¿ Quiere decir...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! - gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando al número 4-. Dumbledore... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distina de nosotros. Y ese hijo que tienen... Lo ví dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos. ¡Harry Potter no puede vivir ahí!
- Es el mejor lugar para él - dijo Dumbledore con firmeza -. Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.
- ¿Una carta? - repitió la profesora McGonagall, volviendo a sentarse -. Dymbledore, ¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Harry! ¡Será famoso... una leyenda... no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter! Escribirán libros sobre Harry... Todos los niños del mundo conocerán su nombre.
Premoniciones, según J.K. Rowling
"Maestra, se me ha fundido el libro"
Hoy he tenido el examen de Literatura. La asignatura corresponde al primer cuatrimestre, pero por mis cosas, no pude examinarme entonces. Después de que el profesor me haya hecho cabrear por ciertas cosas que no tenía que haberme dicho (que luego se quejan los funcionarios de que les bajen los sueldos, y la gran mayoría demuestra que, si pueden escaquearse de su trabajo a la más mínima oportunidad, lo hacen) he hecho el examen y me ha salido bien. Esperemos a ver de qué humor me lo corrige...
Aprovecho para poner aquí la columna que tuvimos que escribir para evaluar la asignatura, ahora que ya está la suerte echada y nadie puede robármela. Los libros electrónicos cada vez son más nombrados y se habla de desaparición casi total de los tradicionales dentro de una década aproximadamente. No me pareció más idóneo ningún tema sobre el que hablar para esta asignatura. Espero no me lluevan muchas piedras:
Desde que era muy pequeña, me encanta leer. Conservo mi primer libro como el mayor de mis tesoros; puedo ver su portada tan sólo con cerrar los ojos, del mismo modo que puedo leer sus páginas sin tenerlas delante. Quizás sea fanatismo, quién sabe si afición. Yo prefiero llamarlo amor.
Los amantes (los verdaderos amantes) de la lectura no tardamos mucho en convertirnos en grandes coleccionistas de libros. Nuestras casas suelen estar adornadas con enormes estanterías donde descansan todo tipo de volúmenes de tamaños, formas y colores de lomo diferentes. No importa su peso, ni el espacio que ocupen; si están minuciosamente ordenados, o colocados al azar. El caso es que están ahí.
Hace aproximadamente una década, empezaron a escucharse rumores sobre el libro digital. Un libro que ya no era un libro; que separaba el contenido del continente; que permitía almacenar en un frío archivo de ordenador cualquier obra maestra literaria.
Durante los primeros años tras la aparición del libro digital, su acogida entre los lectores fue mucho más tibia de lo que sus precursores seguramente habían esperado. Todo lo que tiene que ver con la tecnología y sus novedades se introduce en la sociedad a una velocidad tal, que lo que ayer nos era del todo desconocido, mañana será un artículo de primera necesidad.
¿Por qué iba a ser diferente en este caso?
Para responder a ésta pregunta, me veo obligada a volver al tema de los amantes (los verdaderos amantes) de la lectura que, decía antes, somos grandes coleccionistas.
Como tales nos gusta, o más bien, nos enorgullece contemplar nuestra colección. Ver cómo van evolucionando nuestros gustos literarios a lo largo de nuestra vida es algo que puede hacerse a simple vista al mirar una biblioteca personal. Cada tomo es parte de un tesoro que hemos ido recopilando poco a poco y que está ahí, presente para cuando queramos palparlo, ojearlo, e incluso (¿por qué no?) olerlo.
Nada me resulta más gratificante que sentarme en el sofá un día de lluvia con la lámpara encendida y que, mientras leo, sólo se escuchen las gotas de agua caer y las páginas del libro pasar.
Doy fe de que no soy la única persona a la que le ocurre esto con los libros. Si fuese cosa mía quizás pensaría que estoy loca; pero he tenido el gusto de charlar con algunas personas que considero ilustres y que guardan hacia el libro “tradicional” los mismos sentimientos que yo.
Pero como el amor no quita el conocimiento, debo admitir que las ventajas más importantes del libro en formato digital puedan ser razones de peso (literalmente) para acercar a la lectura a todas aquellas personas a las que resulte incómodo coleccionar libros. Ya sea por la cantidad de espacio que ocupan, lo difíciles de trasladar que son en una mudanza o lo que duelen los brazos cuando intentas leer un tomo de volumen considerable boca arriba mientras tomas el sol.
A mí, personalmente, todas esas situaciones me resultan mucho más llevaderas que intentar leer un libro de más de veinte páginas en la pantalla de un ordenador. A pesar de que paso la mayor parte de mis horas de trabajo, e incluso de ocio, delante de uno; en el momento en que intento leer un libro en pantalla no puedo evitar que mi vista acabe cansada a los cinco minutos. Eso sin contar con el hecho de que normalmente cuando estamos frente a un ordenador, acabamos inevitablemente haciendo tres o cuatro cosas a la vez; lo que hace que no nos concentremos del todo en la lectura.
Razones como éstas, imagino, son el motivo por el que el libro digital no ha tenido el éxito esperado durante sus primeros años de andadura.
Sin embargo, desde la aparición de los primeros aparatos (a los que también se denomina libros digitales o electrónicos) destinados especialmente a almacenar los archivos de texto en su interior; la demanda ha ido en aumento.
Los dispositivos en cuestión son pequeños, pero no lo bastante como para que sea incómodo leer en ellos por su tamaño. Tienen capacidad para almacenar varios libros, cientos incluso; son manejables, móviles y consumen poca energía. Además, los últimos modelos permiten también almacenar y escuchar música y descargar directamente por internet a través de ellos los archivos de libro electrónico. La sensación de estar leyendo en pantalla disminuye muchísimo también gracias a la aparición de la tinta electrónica, que debido a la ausencia de iluminación propia y a un alto contraste, consigue de manera muy lograda un “efecto papel”.
La llegada de este soporte específico ha hecho que, durante los últimos años, el libro digital haya cogido fuerza: los libreros de todo el mundo parecen estarse preparando para lo que puede ser un cambio radical dentro de su profesión. Las empresas editoriales cada vez tienen más sitio en internet, renovando la que había sido su tarea conceptual hasta ahora. Si hoy en día una librería no tiene tienda on-line es que no está acorde con los tiempos.
Se habla de la desaparición del almacenamiento de libros de papel en las librerías y de la impresión por pedido. Todo será tan fácil como ir a decirle al librero el título que quieres y éste lo imprimirá en pocos minutos en su mismo local. Se dice que con ello se contribuirá a la ayuda al medio ambiente y que los precios de los libros físicos se abaratarán.
Pero ante todas estas supuestas ventajas, yo me pregunto:
¿No verán los libreros más económico introducir un archivo en el dispositivo que un cliente lleve a su tienda, antes que hacer una gran inversión en una máquina que puede que usen en raras ocasiones, dada la fanática tendencia tecnológica de nuestra sociedad?
Estoy de acuerdo en que la disminución de las ediciones “al peso” de libros de papel hará que se acabe con menos árboles, pero ¿quién nos garantiza que ante la aparición del libro digital, los ecologistas de todo el mundo no empiecen a protestar contra la edición de un solo tomo en papel?
¿No terminará desapareciendo el libro tradicional?
Otro ámbito en el que parece estarse asentando definitivamente la edición digital de libros es la educación. Era de esperar, tras la meteórica incursión que la tecnología ha hecho en las aulas durante la última década. Aunque en Canarias estemos a la cola, son habituales en España las aulas donde no se usa absolutamente ningún material que no sea digital: desde las pizarras interactivas hasta los ordenadores portátiles con los que el Gobierno ha dotado a los alumnos desde primaria.
Pronto empezarán a sustituirse los libros de texto tradicionales en los colegios e institutos por dispositivos preparados para el libro digital. Ya existe toda una regulación minuciosa para que este tipo de libros no puedan encontrarse gratuitamente por internet, lo que hará que tengan que comprarse igualmente, pero vaciará las maletas de niños y adolescentes; terminando con el eterno problema de las espaldas cargadas.
Pero ese peso se pierde también en las relaciones humanas: entramos de lleno en la era digital totalitaria, en la que los niños no sabrán relacionarse sin máquinas de por medio; en la que para todo tendrán que interactuar con una pantalla; en la que ya no habrá que hablar ni tan siquiera con el compañero para pedirle prestado el lápiz o el bolígrafo.
Y en la que, además, no hará falta tener perro que se coma sus deberes; porque bastará con que el niño avispado de la clase se excuse en una frase mucho más sencilla: “Maestra, se me ha fundido el libro”.
Sobre la Saga Crepúsculo
Esta mañana he terminado la Saga Crepúsculo. Después de una gran maratón y de haberme leído los tres últimos libros en menos de una semana en total, estoy preparada para sacar mis propias conclusiones.
Stephenie Meyer no escribe bien. De hecho si no supiera que es una dulce cuarentona casada y con un hijo diría, por su forma de escribir, que se trata de una muchachita en plena adolescencia.
Pero eso no quita que a pesar de ello, logre atraparte en la historia que quiere contar de una manera bastante intensa. La lectura es cómoda y fluída, a pesar de que resulte muy molesto ver como una y otra vez se repiten las mimsas palabras pudiendo usar sinónimos; aunque esto no sé si será fallo del equipo de traducción español o de la propia autora.
Los libros son endiabladamente entretenidos. Aunque viéndolos desde un punto de vista frío (como la piel de los Cullen) se nota muchísimo en qué doctrina religiosa ha sido educada Meyer. Que una chica se sienta tan a gusto con su novio, aún este siendo vampiro que lo que más quiere es morderle la yugular, sólo por lo guapo que es este, no sólo es machista, sino del todo inverosímil. También se le ve el plmuero mormón a la escritora con el tema de las relaciones sexuales antes del matrimonio. Lo disfraza bien, pero no deja de estar ahí.
El que más me ha gustado de los cuatro libros ha sido Luna Nueva. Es curioso, ya que es uno de los peores para la opinión generalizada; pero es que si yo hubiese escrito los libros, Bella se habría quedado con Jacob.
El que menos, y vuelvo a salirme de la tónica general, Amanecer. Me esperaba muchísimo del libro que cierra esta saga, pero al final las ochocientas páginas sólo sirven para que la gente vea lo gordo que es el libro. Contenido importante, menos de la mitad. Además es totalmente insulso. Todo sale estupendamente chupyguay de bien, sea lo que sea. Da igual que todos los demás que hayan pasado por situaciones parecidas hayan tenido miles de problemas. Bella no tiene ninguno. Y cuando empieza a tenerlos, vuelve a solucionarse sin la menor pizca de acción, ni de intriga. Muy, pero que muy flojo.
La verdad es que me he entretenido con la saga, a pesar de la tremenda antipatía que tuve por la protagonista a partir del segundo libro. No soy capaz de decir si la lectura vale la pena o no. A mí me ha parecido muy divertida, a excepción del último libro, que es un mero trámite, bastante extenso.
Ahora, a otra cosa. Y a esperar que las tres películas que quedan no sean tan horribles como la primera.
¿Por qué "Los hombres que no amaban a las mujeres" es un fenómeno de masas?
Por favor, no me matéis.
No penséis que soy antisistema, que no me va el rollo del rebaño y todo eso. Que no me va, pero en esta ocasión no es por eso.
Es que no entiendo por qué... venga va, voy a decirlo.
No entiendo por qué "Los hombres que no amaban a las mujeres" se ha convertido en el libro que todo el mundo lee. Es más, me recuerda al caso de "El código Da Vinci" y este encima era más entetenido, a pesar de ser a mi juicio bastante más malo que el que nos ocupa, objetivamente hablando.
Pero... ¿por qué?
Vamos a ver. Es entretenido: Sí, pero tampoco es que sea una cosa de la que no te puedas despegar, te mantiene al hilo, pero no lo devoras ni mucho menos. No pasa nada si estás tres días sin leerlo.
La trama está bien: Sí, pero también es cierto que hay novelas bastante similares, con tramas casi idénticas y finales mucho mejores, menos previsibles y mejor construídos. A mí se me viene a la mente "Yo Mato" por ejemplo, y este me gustó más.
No es verosímil que un caso que lleva cincuenta años sin resvolverse se resuelva de repente por un tipo que nisiqueira es detective, por medio de unas fotos que misteriosamente nadie ha tirado a pesar de que no encierran nada especial y por unas citas bíblicas anotadas en código que misteriosamente (otra vez) coinciden con números de teléfono de personas que se llaman igual que las víctimas.
Los personajes son interesantes: Sí, aunque unos más que otros. Sospecho que Lisbeth Salander tiene muchísimo que ver en que la gente se haya enganchado a la trilogía. Y, ¿qué tiene de especial Lisbeth? ¿Cuántas personas más o menos con su mismo perfil hemos encontrado ya en tantas y tantas historias? Lo único que la diferencia es que es una mujer que a priori se supone indefensa y que en realidad no lo es tanto ni mucho menos.
Érika Berger es fantástica, una muejr de éxito, que hace con su vida exactamente lo que le da la gana. Y sólo es un personaje secundario. Pero... ¿y el resto?
Entonces... ¿qué tiene de especial? ¿Quizás la prematura muerte de su autor, días despúes de haber entregado a su editor el tercer libro? ¿Es el morbo de la gente? ¿Es el título, tan directo?
¿Qué es?
No me entendáis mal. El libro me ha gustado. Larsson y su forma de escribir, llana, sencilla y al grano, logran mantener la atención y hacer que la novela pueda ser leída por cualquiera (previo cursillo de inglés para entender algunas expresiones que usa en este idioma y otro de Sueco para intentar pronunciar correctamente los nombres de los personajes y lugares). Pero no me parece tan sobresaliente como lo quieren hacer ver. Es una novela negra más. Creo que el fanatismo radica en que la gente no suele leer este tipo de novelas y en cuanto lee una, le encanta.
Además, le sobran doscientas páginas al principio y cien al final. Ah, y el final de la trama principal se hace previsibble si tienes un poco de ojo desde unas cincuenta páginas más allá de la mitad del libro, por mucho que el autor juegue a despistar.
Seguiré buscando en los dos libros restantes esa chispa que ha hecho que el mundo se rinda a los pies del difunto Larsson.
Como último comentario, estaría bien que en España dejásemos de traducir las cosas como nos da la gana de una vez. El título literalmente es "Los hombres que ODIABAN a las mujeres". No entiendo el cambio, como no he entendido nunca ningún cambio en las traducciones a las que nos tienen tan (mal)acostumbrados en nuestro país. El título cambia mucho con ese simple matiz.

