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Twitteando y otras chorradas de mi último día con 24
Hoy tengo un día espeso, aburrido, poco intenso.
Haber terminado los exámenes de la universidad y estar sin trabajo, a veces resulta en demasiado tiempo libre. Y demasiado tiempo libre, resulta estresante para las personas que no estamos acostumbradas a ello.
Así que hoy me he puesto a ver chorradas en internet, después de tirarme horas poniendo al día mis juegos del Facebook.
Internet es una fuente de entretenimiento inagotable, incluso los días en los que lo que te apetece es reirte de los demás, ser un poco cruel.
Y yo que pensaba que el coche sólo se lavaba por dentro con la pistola a presión, pobre ingenua...
También me he hecho una cuenta de twitter. Podréis encontrarme allí y seguirme (si es que queréis torturaros más a vosotros mismos con mis chorradas). Me encontraréis como KeishaNordmort.
Por lo demás, decir que hoy es mi último día con 24, es decir... mañana es mi cumpleaños. Espero que sea mil veces mejor que el del año pasado, aunque no va a ser tan completo como me esperaba en un principio, ya se sabe... No se puede tener todo en la vida.
"Maestra, se me ha fundido el libro"
Hoy he tenido el examen de Literatura. La asignatura corresponde al primer cuatrimestre, pero por mis cosas, no pude examinarme entonces. Después de que el profesor me haya hecho cabrear por ciertas cosas que no tenía que haberme dicho (que luego se quejan los funcionarios de que les bajen los sueldos, y la gran mayoría demuestra que, si pueden escaquearse de su trabajo a la más mínima oportunidad, lo hacen) he hecho el examen y me ha salido bien. Esperemos a ver de qué humor me lo corrige...
Aprovecho para poner aquí la columna que tuvimos que escribir para evaluar la asignatura, ahora que ya está la suerte echada y nadie puede robármela. Los libros electrónicos cada vez son más nombrados y se habla de desaparición casi total de los tradicionales dentro de una década aproximadamente. No me pareció más idóneo ningún tema sobre el que hablar para esta asignatura. Espero no me lluevan muchas piedras:
Desde que era muy pequeña, me encanta leer. Conservo mi primer libro como el mayor de mis tesoros; puedo ver su portada tan sólo con cerrar los ojos, del mismo modo que puedo leer sus páginas sin tenerlas delante. Quizás sea fanatismo, quién sabe si afición. Yo prefiero llamarlo amor.
Los amantes (los verdaderos amantes) de la lectura no tardamos mucho en convertirnos en grandes coleccionistas de libros. Nuestras casas suelen estar adornadas con enormes estanterías donde descansan todo tipo de volúmenes de tamaños, formas y colores de lomo diferentes. No importa su peso, ni el espacio que ocupen; si están minuciosamente ordenados, o colocados al azar. El caso es que están ahí.
Hace aproximadamente una década, empezaron a escucharse rumores sobre el libro digital. Un libro que ya no era un libro; que separaba el contenido del continente; que permitía almacenar en un frío archivo de ordenador cualquier obra maestra literaria.
Durante los primeros años tras la aparición del libro digital, su acogida entre los lectores fue mucho más tibia de lo que sus precursores seguramente habían esperado. Todo lo que tiene que ver con la tecnología y sus novedades se introduce en la sociedad a una velocidad tal, que lo que ayer nos era del todo desconocido, mañana será un artículo de primera necesidad.
¿Por qué iba a ser diferente en este caso?
Para responder a ésta pregunta, me veo obligada a volver al tema de los amantes (los verdaderos amantes) de la lectura que, decía antes, somos grandes coleccionistas.
Como tales nos gusta, o más bien, nos enorgullece contemplar nuestra colección. Ver cómo van evolucionando nuestros gustos literarios a lo largo de nuestra vida es algo que puede hacerse a simple vista al mirar una biblioteca personal. Cada tomo es parte de un tesoro que hemos ido recopilando poco a poco y que está ahí, presente para cuando queramos palparlo, ojearlo, e incluso (¿por qué no?) olerlo.
Nada me resulta más gratificante que sentarme en el sofá un día de lluvia con la lámpara encendida y que, mientras leo, sólo se escuchen las gotas de agua caer y las páginas del libro pasar.
Doy fe de que no soy la única persona a la que le ocurre esto con los libros. Si fuese cosa mía quizás pensaría que estoy loca; pero he tenido el gusto de charlar con algunas personas que considero ilustres y que guardan hacia el libro “tradicional” los mismos sentimientos que yo.
Pero como el amor no quita el conocimiento, debo admitir que las ventajas más importantes del libro en formato digital puedan ser razones de peso (literalmente) para acercar a la lectura a todas aquellas personas a las que resulte incómodo coleccionar libros. Ya sea por la cantidad de espacio que ocupan, lo difíciles de trasladar que son en una mudanza o lo que duelen los brazos cuando intentas leer un tomo de volumen considerable boca arriba mientras tomas el sol.
A mí, personalmente, todas esas situaciones me resultan mucho más llevaderas que intentar leer un libro de más de veinte páginas en la pantalla de un ordenador. A pesar de que paso la mayor parte de mis horas de trabajo, e incluso de ocio, delante de uno; en el momento en que intento leer un libro en pantalla no puedo evitar que mi vista acabe cansada a los cinco minutos. Eso sin contar con el hecho de que normalmente cuando estamos frente a un ordenador, acabamos inevitablemente haciendo tres o cuatro cosas a la vez; lo que hace que no nos concentremos del todo en la lectura.
Razones como éstas, imagino, son el motivo por el que el libro digital no ha tenido el éxito esperado durante sus primeros años de andadura.
Sin embargo, desde la aparición de los primeros aparatos (a los que también se denomina libros digitales o electrónicos) destinados especialmente a almacenar los archivos de texto en su interior; la demanda ha ido en aumento.
Los dispositivos en cuestión son pequeños, pero no lo bastante como para que sea incómodo leer en ellos por su tamaño. Tienen capacidad para almacenar varios libros, cientos incluso; son manejables, móviles y consumen poca energía. Además, los últimos modelos permiten también almacenar y escuchar música y descargar directamente por internet a través de ellos los archivos de libro electrónico. La sensación de estar leyendo en pantalla disminuye muchísimo también gracias a la aparición de la tinta electrónica, que debido a la ausencia de iluminación propia y a un alto contraste, consigue de manera muy lograda un “efecto papel”.
La llegada de este soporte específico ha hecho que, durante los últimos años, el libro digital haya cogido fuerza: los libreros de todo el mundo parecen estarse preparando para lo que puede ser un cambio radical dentro de su profesión. Las empresas editoriales cada vez tienen más sitio en internet, renovando la que había sido su tarea conceptual hasta ahora. Si hoy en día una librería no tiene tienda on-line es que no está acorde con los tiempos.
Se habla de la desaparición del almacenamiento de libros de papel en las librerías y de la impresión por pedido. Todo será tan fácil como ir a decirle al librero el título que quieres y éste lo imprimirá en pocos minutos en su mismo local. Se dice que con ello se contribuirá a la ayuda al medio ambiente y que los precios de los libros físicos se abaratarán.
Pero ante todas estas supuestas ventajas, yo me pregunto:
¿No verán los libreros más económico introducir un archivo en el dispositivo que un cliente lleve a su tienda, antes que hacer una gran inversión en una máquina que puede que usen en raras ocasiones, dada la fanática tendencia tecnológica de nuestra sociedad?
Estoy de acuerdo en que la disminución de las ediciones “al peso” de libros de papel hará que se acabe con menos árboles, pero ¿quién nos garantiza que ante la aparición del libro digital, los ecologistas de todo el mundo no empiecen a protestar contra la edición de un solo tomo en papel?
¿No terminará desapareciendo el libro tradicional?
Otro ámbito en el que parece estarse asentando definitivamente la edición digital de libros es la educación. Era de esperar, tras la meteórica incursión que la tecnología ha hecho en las aulas durante la última década. Aunque en Canarias estemos a la cola, son habituales en España las aulas donde no se usa absolutamente ningún material que no sea digital: desde las pizarras interactivas hasta los ordenadores portátiles con los que el Gobierno ha dotado a los alumnos desde primaria.
Pronto empezarán a sustituirse los libros de texto tradicionales en los colegios e institutos por dispositivos preparados para el libro digital. Ya existe toda una regulación minuciosa para que este tipo de libros no puedan encontrarse gratuitamente por internet, lo que hará que tengan que comprarse igualmente, pero vaciará las maletas de niños y adolescentes; terminando con el eterno problema de las espaldas cargadas.
Pero ese peso se pierde también en las relaciones humanas: entramos de lleno en la era digital totalitaria, en la que los niños no sabrán relacionarse sin máquinas de por medio; en la que para todo tendrán que interactuar con una pantalla; en la que ya no habrá que hablar ni tan siquiera con el compañero para pedirle prestado el lápiz o el bolígrafo.
Y en la que, además, no hará falta tener perro que se coma sus deberes; porque bastará con que el niño avispado de la clase se excuse en una frase mucho más sencilla: “Maestra, se me ha fundido el libro”.
Mi nueva mentalidad...
¡A jugar fuera!
¡Día de Jack!
No es que me gusten las tradiciones americanas. Tampoco voy a decir que las odio; simplemente, la gran mayoría me son indiferentes. Pero el 31 de octubre es un día especial.
Los orígenes de Halloween vienen de muy atrás, y no son americanos, sino celtas.
Pero no voy a hablaros del Halloween como fiesta. Porque para mí ese nombre sólo tiene un significado:
Pesadilla antes de Navidad.
Qué decir de la maravillosa obra maestra de Tim Burton que no se haya dicho ya... Creo que esta película es la gran culpable de que muchos occidentales veamos este día con unos ojos totalmente diferentes . Qué brillantez la de Burton al ocurrírsele la idea al ver cambiar en un escaparate los adornos de Halloween por los de Navidad.
Y qué personaje nos ha dejado inmortalizado para siempre...
Jack Skeleton es especial. Y no sólo por su apariencia física. Es especial por sus ideales, sus intenciones y por lo que nos enseña. Muchas veces, aunque queramos cambiar, el mundo no nos deja; pero con perseverancia se consigue cualquier cosa. Jack es un revolucionario que se deja llevar por su ilusión, por su deseo de saber más; de avanzar, de descubrir cosas nuevas. Es un personaje noble, a pesar de ser el Rey del Mal.
Cuántas cosas de este personaje habrán en mi casa... Hace poco una amiga mía intentó contarlas todas y no fue capaz. En cada rincón se econdía algo nuevo y tenía que volver a empezar.
Volviendo a la película, tengo que dejar por aquí una curiosidad que no sabía hasta hace poco: el peculiar estilo de diseño de los personajes y los escenarios se debe a que Tim Burton animó a los dibujantes a hacer su trabajo con la mano contraria a la que usaban normalmente. Ahora entiendo esos perfiles sinuosos e inclinados. Brillante, Tim.
Y qué decir de la banda sonora... las canciones se te meten en el cerebro hasta tal punto que cualquiera puede sorprenderse tarareándolas sin venir a cuento.
Todas son geniales, pero la que nos mete directamente en la cabeza de Jack es esta:
Por todas estas cosas, de las que podría estar hablando todo el día hasta aburriros, Halloween es para mí, simplemente el Día de Jack.
"Perdóname, Loly"
La decepción de Gran Turismo PSP
Que sí, que los gráficos están muy bien para ser de PSP, pero para hacer esto, hubiesen reeditado las dos primeras ediciones completas del juego para la portátil y habrían quedado mucho mejor.
Pinocho y el Emperador de la Noche (1987)
Todos conocemos la historia de Pinocho: tiene un trasfondo duro, pero sabiéndolo llevar no hay por qué caer en las crueldades. Y esta película lo hace. La escena en la que el titiritero convierte a Pinocho en marioneta delante de todo el circo y le obliga a bailar tirando de los hilos, rompiéndole cosas y en medio de una música horrible parece más sacada de una película de Saw que de un cuento infantil. De hecho esta escena se censuró para poder emitir la película por televisión, porque producía pesadillas muy desagradables en los niños que la veían. Yo tuve la mala suerte de ser una de las "víctimas".
Os dejo la primera escena de la que hablo, para que veais a lo que me refiero. Sólo he podido encontrarla en inglés.
Si la mirais con ojos de niño, entendereis el miedo al que me refiero.
¿Gran mentira o falta de adaptación?
Ya hace casi dos semanas que he empezado el segundo curso de Periodismo en la universidad. Estas dos semanas han sido muy fructíferas porque han coincidido con mis vacaciones laborales; así que he podido llevar al día sin ningún problema y sin agobios todo lo que tiene que ver con las clases.
Pero sólo me queda una semana de vacaciones, y lo cierto es que ya estoy empezando a ver la que se me viene encima.
Sobre compaginar estudios y trabajo, el Plan Bolonia dice esto:
¿Podrán los estudiantes combinar trabajo y estudios?Y después nos invita a ver un vídeo más extenso sobre el tema, que podeis ver en este link:
Los alumnos que lo deseen podrán compaginar sus estudios con el trabajo. De hecho, cada universidad debe fijar el número mínimo de ECTS por alumno y curso académico, para que los estudiantes puedan cursar estudios a tiempo parcial.
Ver vídeo
Pero lo cierto es que tras hablar con mis profesores sobre el por qué de mi futura ausencia en clase muchos días, la mayoría de ellos me han puesto la misma cara que me ponían los del año pasado y que me costó incluso suspender una asignatura cuyo examen aprobé de calle.
¿Miente Bolonia o es que la universidad aún no se ha acostumbrado al Plan?
Yo creo que es más lo primero que lo segundo y voy a explicaros por qué:
El Plan Bolonia ha decidido implantar en la enseñanza universitaria la Evaluación Continua; concepto que hasta la "bolonización" de la universidad sólo se implanataba durante la enseñanza obligatoria y el Bachillerato.
La Evaluación Continua consiste en que el profesor evaluará a los alumnos de manera continuada, mandando tareas diarias, trabajitos e incluso haciendo firmar las clases para controlar la presencia de los alumnos en clase.
Me parece perfecto que las enseñanzas universitarias se hayan acercado mucho más al aprendizaje por parte del alumno y a la parte práctica, pero que no nos intenten vender entonces que con el nuevo plan es más fácil que la gente compagine estudios y trabajo, porque es faltar a la realidad.
Voy a poneros un ejemplo que sufrí en carne propia: Cierta asignatura exigía prácticas de radio con la elaboración de un guión radiofónico cada domingo y su posterior radiación en la facultad los lunes. De esas prácticas, participé en todos los guiones y mi trabajo me permitió ir a dos sesiones de radio de las cuatro que se hicieron en total.
Pero el problema llegó cuando la profesora, que hacía firmar las clases para controlar la presencia, no tuvo en cuenta mis prácticas a la hora de evaluarme porque había faltado a muchas clases. Aún contestando en un examen oral más preguntas de las que ella misma había dicho que había que contestar para aprobar, suspendí.
No sólo perdí mi tiempo haciendo las prácticas, sino que también lo perdí estudiando para el examen. Y todo porque me es imposible ir a clase todos los días.
O se está tomando muy a la tremenda el procedimiento, o en este aspecto Bolonia miente más que habla. Decidan ustedes.
Malditos doblajes modernos
En mi habitación pueden encontrarse muchas cosas. Más o menos durante este tiempo, he dado a entender cuáles son mis aficiones, mis hobbys y mis gustos.
Pero nunca he hablado de Disney. Y mi habitación ideal tendría una estantería con todas las películas de Disney en VHS que tuve cuando era pequeña y que guardo para la ocasión más propicia y la casa más grande, en casa de mis padres.
Ante la imposibilidad de guardar los VHS en mi piso actual, que ya bastantes trastos tengo, hace tiempo me he dedicado a la búsqueda de clásicos Disney para tenerlos grabados en DVD: fácil, cómodo y pequeño.
El problema es que es imposible encontrar las versiones ORIGINALES de las películas de Disney en Español de antes. Y me refiero a todas las anteriores a "Hércules".
No es que no estén. Es que con el paso de las películas a edición DVD, en este maravilloso país que es España "alguien" ha decidido que las versiones antiguas contenían palabras arcaicas que los pobres niños de hoy en día no entenderían.
Y es que me estoy imaginando la reunión entre los "Individuos Brillantes" que decidieron cambiar el doblaje:
Individuo Brillante 1:¿Cómo va a entender un niño de hoy la frase "pobres almas en desgracia"?
Individuo Brillante 2:¡Eso supondría un esfuerzo intelectual!
Individuo Brillante 1:¡Mejor cambiémoslo por "pobres almas sin sol"!
Individuo Brillante 2:¡O mejor cambiemos el doblaje completo y las letras de todas las canciones!
Incomprensible pero cierto. No vayamos a atosigar a los niños con palabras como "desgracia" que luego vienen los trauman infantiles y eso...
Mientras tanto, yo a lo mío, me desintoxico de ese absurdo nuevo doblaje con un vídeo extraído directamente de una de mis adoradas versiones VHS.
Esta entrada está dedicada a mi prima Marta, que como disfrutó de estas películas conmigo, se indigna con esto tanto como yo. ¡Las encontraremos, primi!
De la imprudencia, la mala educación y otras lacras
Esta tarde al llegar del trabajo, me disponía a entrar en mi garaje cuando ví sorprendida como un padre jugaba con su hijo en el callejón por donde tienen que acceder a él todos los coches del edificio.El niño salió corriendo por lo que tuve que parar el coche y esperar a que el padre, que me miró sonriente como si yo no estuviese subida en una máquina de varios miles de kilos, fuese lentamente a por él y siguiese jugando tranquilamente en el mismo lugar.
Ante tal aberración, no pude más que bajar mi ventanilla y decir educadamente:
"Perdona, pero aquí entran y salen muchos coches y no es seguro que el niño corra por el callejón".
En lugar de entenderlo como un buen consejo y aceptar su error, el padre "ejemplar" del pequeño niño rubio se acercó a mi ventanilla para insultarme, motivo por el cual tuve que subir la ventanilla y hacer oídos sordos y ojos ciegos (xD) a lo que podía pasarle a su hijo.
Mientras me alejaba poco a poco viéndo cerrarse la puerta, otro coche entró, y tuvo que frenar en seco para no atropellar a la criatura de padre tan impresentable como imprudente.
Sólo tengo 24 años, pero estas cosas cuando yo era pequeña... no pasaban.
Feliz cumpleaños, Jacko
Hoy hubieses cumplido 51 años.
Cuando apenas ayer se conocía la noticia de que tu muerte se está investigando por homicidio, porque se ha confirmado que alguien quiso quitarte del medio.
¿Comrad Murray, Arnold Klein? ¿Alguien más? Quién sabe. El caso es que fuese quien fuese, o quienes fuesen, nos ha privado a todos de una gira de conciertos que hubiese sido apoteósica y a ti de soplar hoy las velas que hubiesen sido testigos de tu entrada en la segunda parte de tu siglo particular.
Lo mejor de todo es que, asesinado o no, seguirás siendo inmortal. Así que, Feliz Cumpleaños.
Balance de mi primer año de carrera
Después de tantos años, he conseguido cumplir mi deseo de estudiar Periodismo. Es verdad que ya estuve un año en Sevilla, pero aquello fue un desastre. Por circunstancias que no vienen al caso, ese año no me presenté a ningún examen y dejé que mi sueño se me escapase de entre los dedos de la manera más absurda. Lo tenía todo para poder hacerlo cómodamente...
Pero dejé pasar la oportunidad.
Gracias a la perspectiva que da el tiempo, el año pasado, cuando me enteré por la radio de que pondrían en Tenerife la carrera de Periodismo completa el cuerpo empezó a temblarme. Era mi oportunindad, lo que tanto deseaba estaba ahí al alcance de mi mano.
Eran sólo ochenta plazas; y para mí el momento más difícil para empezar una carrera, con mi trabajo de siete de la mañana a siete de la tarde. Sentí vértigo y miedo ante la perspectiva de tenerlo delante y aún así no poder tocarlo de nuevo.
Pero fui a preinscribirme.
23 años... un poco tarde, sí. Pero cuando tienes tantas ganas de hacer algo tan específico... ¿qué más da el momento?
Cuando salió la primera lista provisional de admitidos, busqué mi nombre con ojos ansiosos e impacientes. Y cuando lo ví, me eché a llorar.
Lloré como nunca lo había hecho...
No ha sido un año fácil; sin poder ir todos los días a clase por causa de mi trabajo, repudiada por algunos profesores, que han llegado incluso a suspenderme "por no venir lo suficientemente a clase"; rogando a la gente para que me prestase apuntes, durmiendo poco, estudiando mucho, incluso en el mismo trabajo.
Pero al final no ha ido mal.
Que haya aprobado con buena nota siete asignaturas de diez, y que a dos de las que me quedan pendientes para noviembre no me haya presentado (lo cual quiere decir que sólo he suspendido una, y esto también tiene su historia) no es un mal balance, teniendo en cuenta mis circunstancias.
Pero yo quiero más...
Al mirar las guías docentes de las asignaturas del año que viene, que ya son mucho más específicas de la profesión que algún día quiero desempeñar, se me hace la boca agua. Estoy impaciente por empezar.
Por cierto,durante el curso me han ayudado varias personas, a las que estoy muy agradecida, pero hay una especialmente sin la que hubiese sido imposible avanzar tanto.
¡Gracias, Secretaria! Algún día te devolveré todo lo que haces por mí. Eres genial.
A palabras necias...
A veces una sonrisa es la puñalada más dura que puedes darle a quien habla sin argumentos, sin razón, sin motivos, por hablar...
Aunque últimamente me cueste un poco sonreir, fuerzo las sonrisas y estas acaban conviertiéndose en carcajadas ante la gente que no entiende de qué va todo esto de vivir.
Eso es lo que me deja dormir en paz por las noches.
Las (buenas) sorpresas de la tele
Después de recuperarme del susto de Víctor Ullate, temí lo peor el miércoles por la noche cuando empezó una nueva edición de Operación Triunfo.
Sí, lo veo todos los años, ¿algún problema? Cuando en mi perfil digo que soy "Amante de la música" no lo digo en broma.
El problema es que Operación Triunfo cada vez es menos música y más paripé.
Pero yo no pierdo las esperanzas.
Después de levantarme del sofá deliberadamente tras la primera pantomima de la noche: la "sospresa" de que Risto Mejide apareciese en el plató (¿acaso alguien no se lo esperaba?) y soltase su discurso y discusión ensayada cinco minutos antes en los camerinos junto a Jesús Vázquez (que me encanta, pero que podía haber dejado la pajarita en el backstage); volví a sentarme al oír cantar al primer concursante.
Curiosamente, había nivel. Pasa otro: "mira, si canta bien también"; pasan dos más "mira, estos tampoco lo hacen mal"
Pero cuando faltaba un segundo para que se me callese una lagrimita porque después de ocho años la gente de OT ha vuelto a hacer un buen cásting, apareció ella.
Cristina Rueda, 16 años. Con una cara que expresa miedos, complejos, inquietudes, pocos amigos, timidez, indecisión.
Y Cristina canta.
Y Cristina entiende lo que canta.
Y Cristina canta rock.
Y Cristina canta un temazo.
Después de verla, sólo tengo una petición que hacerle al jurado del concurso este año: Haced lo que queráis de los demás, pero dejad que ella conserve su estilo. No la hagáis cantar una canción de Conchita.
Gracias.
Las (malas) sorpresas de la tele
A veces, cuando uno se aburre, ve la tele. Bueno, más que verla, en mi caso es mirarla. Pero de vez en cuando hay algo que te llama la atención y que hace que le prestes tus cinco sentidos a esa caja cada vez más tonta.
El pasado miércoles me ocurrió eso dos veces, y las dos relacionadas con el mundo de la música.
La primera, en la final de parejas del concurso "Fama a Bailar" de Cuatro. Resulta que el profesor de Ballet, Víctor Ullate, que al parecer es toda una eminencia en su campo (yo no le conocía de antes) sube al escenario y de fondo empiezan a sonar las notas del gran clásico de Whitney Houston y Mariah Carey "When you believe", banda sonora de la pelicula de animación El Príncipe de Egipto.
Tonta de mí, pensando que el hombre iba a hacer una coreografía de ballet con la preciosa canción de dos de mis divas, me quedo mirando a ver qué tal es el baile.
Pues no... El pobre animal va y coge el micrófono y se pone a cantar...
Qué manera de destrozar una canción tan hermosa...
Lo peor es que la gente aplaude y todo!
Pero lo AÚN PEOR (permítaseme la expresión) es que este tío HA SACADO UN DISCO! que invluye clásicos como Stayin' alive de Bee Gees (pienso en el falsete de Víctor y se me erizan los pelos, en el MAL sentido... ughhh);What a feeling de Flashdance, Singin' in the rain (dios, me está empezando a dar un ataque al corazón); Bohemian Rhapsody, de Queen (tengo que firmar mi testamento ya). Y lo mejor para el final: Over the rainbow, banda sonora de la película el Mago de Oz.
Sospecho que a Víctor le gustaría vestirse como Judy Garland en la película, pero por dios... no había más canciones eminentes para destrozar???? ¿Qué será lo próximo? ¿La novena sinfonía de Beethoven tarareada por este elemento?
Lo peor es que la gente comprará el disco sólo por que este tío sale en el mencionado concurso... La gente no conoce sus limitaciones. Y la otra gente es tan estúpida que si alguien famoso saca un disco con el sonido de sus protuberancias lo compra.
Aquí tenéis el videoclip de su single Can't you feel the love tonight, todo un clasicazo, de la banda sonora de El Rey León. Conste que suena mal aquí y está arreglado en el estudio. ¡Imagináoslo en directo!
Cementerios, entierros y frivolidades varias
Ayer tuve el dudoso honor de tener que acudir a un funeral.
Las coronas de flores, las misas, los llantos, los coches fúnebres (que mis clientes de Mercedes Benz se empeñan en llamar "El último taxi"). Ya sabéis, todas esas cosas.
Como la persona que había fallecido no era muy cercana a mí, a pesar de que acudir a este tipo de actos siempre hace que se te forme un nudo en la garganta, durante la ceremonia me tomé la libertad de mirar a mi alrededor.
Flores, lápidas con nombres, tras las que se esconden personas de tosas las edades, unas grandes, otras pequeñas, unas con fotos, otras sin ellas, unas de mármol, otras de cristal y otras simplemente con la capa de yeso encima.
Toda esta parafernalia onírica podría decirse que es hasta bonita si no fuese por un pequeño detalle:
De los cuarenta nichos que habían en aquella ala, veinte de ellos tenían el aviso de "deshaucio" (permitidme llamarlo así).
Qué frivolidad...
Qué bonito pintan todo en el funeral (dentro de lo que se pueda llamar bonito en este tipo de actos)
Todo es color de rosa (o más bien, de negro, pero vamos, tiene color) los familiares le ponen flores, la gente llora y en nuestros subconscientes todos pensamos que los restos de esa persona querida van a estar entre aquellas cuatro frías paredes de yeso durante el resto de la eternidad. Lo que no te paras a pensar en aquel momento (a no ser que, como en mi caso, la persona fallecida no sea demasiado cercana) es que dentro de cinco años, si no tienes dinero, sacarán tus huesos de allí y los mandarán a quién sabe qué honorable lugar.
Si señores, hasta tras la muerte hay desahucios.





